Los golpes no deben usarse como medida correctiva en los menores, según expertos

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Un fallo de la Corte Suprema de Justicia, que revocó la condena de 6 años de prisión a un padre de familia por golpear a sus hijas, ha causado revuelo debido a que este podría abrir una brecha para que los golpes sean usados para corregir a los menores.

De acuerdo con Jorge Caucalí, psicólogo y magíster en Gestión Emocional, los golpes, así sea en una sola ocasión, no deben usarse como medida correctiva entre padres e hijos, debido a que los vínculos afectivos pueden romperse, generando momentos de tensión entre la familia y, a su vez, el recrudecimiento de los conflictos en casa.

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Lo que ocurrió expresamente en el caso que analizó la Corte, es que el padre de familia le recriminó a su hija por haber perdido por tercera vez el año escolar, lo que llevó a que la joven abandonara su hogar y pasara unos días en casa de familiares. Cuando regresó, tuvieron un nuevo enfrentamiento en el que ella le dijo que era un “hijueputa” y él le lanzó un objeto y la golpeó en la espalda.

La Corte Suprema, en su falló, aunque no justificó la agresión, afirmó que no daba lugar a una sanción penal porque el padre actuó con la creencia errada de que el derecho a corregirla lo autorizaba a reaccionar de esa manera.

Lo que resalta Caucalí, en este caso, es que para disminuir estas situaciones es necesario mantener un rol de autoridad basado en el respeto. Si bien, en el proceso puntual que analizó la Corte, esta dejó claro que los golpes del padre fueron propinados por la alteración que inició una de sus hijas, para el experto es necesario que exista conciliación entre las partes.

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Ahora bien, como todo lo ocurrido fue producto de una mala actuación de la menor por no cumplir con los deberes escolares, el psicólogo destacó la importancia de entablar una conversación con los hijos sobre las responsabilidades y obligaciones que tienen para mantener orden en el hogar, y a su vez, reconocer los propios a la hora de proteger a los niños.

Caucalí enfatizó que en casos en los que los problemas escolares pueden ser el factor que genera discordia entre padres e hijos, se debe estar pendiente de comportamientos o sucesos que ocurren con el menor, debido a que situaciones como una separación, o problemas de aprendizaje que requieren atención, pueden ser causas de un bajo rendimiento académico.

“Pueda que en casa, los padres no tengan una conducta reiterada de violencia física, sin embargo, puede haber otro tipo de vulneraciones a nivel psicológico o verbal que inciden en los hijos, por lo que los menores no logran expresar sus emociones al respecto. Aún si este no es el caso, es decir, el padre, la madre y los hijos son personas ejemplares, el bajo rendimiento puede darse a un déficit de atención o problemas de aprendizaje que dificultan su interacción con su entorno escolar”, enfatizó Caucalí.

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El experto recomienda, para evitar las confrontaciones que fueron conocidas por el alto tribunal, sostener un diálogo abierto con los hijos, sin que sean juzgados para que expresen los problemas que pueden tener en otros escenarios diferentes al de la casa, pues también puede influir el hecho de que se de un esfuerzo mayor para entender temas pero el miedo al profesor o la asignatura impide un buen desempeño en el colegio.

Por su parte, Marta Asprilla, psicóloga, rescató la importancia de dialogar y dejar claras las normas de la casa, de tal forma de que no haya problemas entre padres e hijos que desencadenen en problemas más complejos.

“Una acción física violenta puede desencadenar una forma de maltrato hacia los niños, por lo que es fundamental ejercer pautas de crianza constructivas entre padres e hijos, como no permitir que los niños realicen actividades que disfrutan como forma de concientizarlos sobre su error o quitarles el acceso a algo mientras se habla con ellos sobre lo que han hecho”, señaló.

Para la experta, los golpes no deben emplearse bajo ninguna circunstancia, dado que se generan secuelas afectivas para los niños.

En el caso puntual que revisó la Corte, Asprilla enfatizó que existen conductas en los padres que en lugar de generar respeto hacia los mismos, ocasiona miedo por el calibre de insultos o actos que emplean hacia los niños, perdiendo así la confianza en la comunicación.

Así las cosas, lo que se puede observar en el fallo de la Corte es una posible perdida de autoridad del padre sobre las menores, dado que estas usaron palabras soeces, e incluso una de ellas se avalanzó a arañarlo.

Por esto, los expertos coinciden en que en todas las situaciones posibles debe existir diálogo y conciliaciones que permitan solucionar el conflicto de la mejor manera, sin necesidad de llegar a la violencia que no solamente es generada de manera física.

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Johanna Díaz, psicóloga clínica, en diálogo con Colprensa resaltó que hay 3 tipos de violencia: física, psicológica y verbal.

La diferencia entre la violencia psicológica y verbal radica en que en la primera se ejercen frases hirientes para bajar el autoestima y menos preciar a alguien, mientras que la verbal se traduce en los insultos que se emplean en un momento de pelea o conflicto.

“Lo esencial al momento de manejar este tipo de hechos es respirar profundamente y evitar dejarse llevar por emociones que conlleven a acciones perjudiciales. Se debe manejar una conversación asertiva en la que se haga ver al niño o joven que cada hecho tiene una consecuencia y que es primordial analizar cómo un hecho puede afectar su integridad física y mental”, señaló Díaz.

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