El río Medellín sigue siendo la otra morgue del Valle de Aburrá

Inspección judicial
Funcionarios del CTI realizando inspección técnica a cadáver sacado del río Medellín

Por estos días en el río Medellín no ha corrido solamente agua, piedras o basura; también sangre. El 27 de febrero pasado, a orillas del afluente, a la altura del municipio de Copacabana, el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía adelantó la inspección judicial a 2 cuerpos que se encontraban envueltos en costales.

FOTOS: PABLO ANDRÉS SANTA ARANGO.

Días después se conoció que una de las víctimas era el exfutbolista profesional Juan Diego González Álzate, quien jugó en equipos como el Deportivo Independiente Medellín, Once Caldas y Santa Fe. A pocos metros del cuerpo de este deportista de 39 años, fue hallado el cadáver de Déiber Alberto Zapata Galeano.

Desde ese momento, a la fecha, organismos de los cuerpos de bomberos de los municipios de Medellín, Bello, Copacabana y Girardota, han rescatado del afluente que atraviesa los 10 municipios del área metropolitana, un total de 8 cadáveres.

Luego del hallazgo de los cadáveres del exfutbolista y el joven en Copacabana, el 14 de marzo fue sacado del agua un cuerpo a la altura del puente Horacio Toro, de Medellín. Y 2 días después en Bello, Copacabana y Girardota, los bomberos de cada municipio rescataron del afluente de a un cuerpo en un lapso de 12 horas.

Ya el 18 de este mes, en la vereda El Totumo, de Girardota, fue rescatado el cuerpo de Edwin Alejandro Urrego Cárdenas, un hombre de 37 años que residía en Bello. El último fue el cadáver de una mujer hallado el jueves anterior a la altura del puente de Guayaquil.

¿Pero por qué personas como estas terminan muertas y tiradas al río Medellín? Para el profesor universitario de la facultad de Derecho y Ciencias Forenses del Tecnológico de Antioquia, Germán Antía, “al lanzarlos al río, los asesinos buscan que las autoridades no tengan muchas evidencias, sobre todo cuando es por arma de fuego porque a las autoridades no les quedan evidencias de los proyectiles”, explicó.

En la vereda La Palma, de Barbosa, el pasado 20 de marzo fueron halladas algunas extremidades y el tronco de un hombre, en aguas del río Medellín. /FOTO: GUILLERMO NARANJO (REPORTERO Q’HUBO).

Cuando las personas son descuartizadas y sus cuerpos son arrojados al afluente, los criminales lo hacen con el propósito de desaparecer el cadáver por completo y así entorpecer las labores de investigación e identificación, pues, según Antía, el agua ayuda considerablemente al proceso de descomposición del cuerpo, especialmente el agua del río Medellín porque tiene muchas bacterias, las cuales aceleran el proceso y llevan al cuerpo a un estado cadavérico en poco tiempo.

De años atrás

La macabra práctica de arrojarlos al río Medellín no es nueva. El director de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), Luis Fernando Quijano, indicó que “el río Medellín siempre se ha utilizado para verter cadáveres… es un lugar para perder el rastro, para no mostrar el lugar donde se están asesinando a las personas”.

Explicó que esta terrible práctica comenzó en los años 80 con el cartel de Medellín, luego de la época de terror de Pablo Escobar continuaron los paramilitares y ahora esta forma de desaparición es usada por las diferentes estructuras delincuenciales que operan en el Valle de Aburrá, ahora más que antes, puesto que anteriormente los cadáveres eran abandonados en la llamada Curva del Diablo o en la vía que conduce al corregimiento de Santa Elena. En la actualidad, según Quijano, está siendo utilizada por las bandas que están protagonizando una confrontación en Bello: Pachelly, el Mesa y Niquía-Camacol. La razón, al parecer, es que debido a la militarización en las zonas de confrontación, los delincuentes optaron por cometer por fuera de esa área los homicidios y también salir de “cacería”, torturar a la persona, asesinarla y tirarla al río.