“Yo era un consentido de los Rodríguez”: Tigre Castillo

Jairo ‘el Tigre’ Castillo es una verdadera estrella del América de Cali. A lo largo de sus 20 años de carrera como futbolista fueron más las alegrías que las tristezas que tuvo, pues, a pesar de ser generador de muchas polémicas por conducir varias veces en estado de embriaguez -una de esas terminó con la muerte de 2 personas-, dejó una huella imborrable en el club de sus amores.

Con los Diablos Rojos consiguió 4 títulos y en la Selección Colombia fue campeón de la Copa América 2001.

El Tigre, quien siempre portó la número 18 en su camiseta en los equipos en que militó, fue un jugador travieso e indisciplinado fuera de la cancha, pero un genio sobre el césped.

Fue el verdugo de muchos clubes, como en la final de 2002, cuando la Mechita le ganó el título al Atlético Nacional. Ese año fue el artífice al marcar los 3 tantos con los que los escarlatas vencieron a los verdolagas, 2-1 en el Pascual Guerrero y 0-1 en el Atanasio Girardot.

Castillo, quien tuvo un diálogo extenso en un Instragam Live con ‘Rumors’ (empresa que organiza fiestas temáticas con salsa y reguetón), confesó intimidades a lo largo de su carrera deportiva.

Dijo que era “consentido” de los exdueños del América, los narcotraficantes Rodríguez Orejuela, quienes le regalaron una casa para su mamá. Además comentó que fue separado de varios entrenamientos, que rumbeaba cada domingo en el Bronx de Cali y mencionó cuál fue el título más significativo con América y sobre su paso por la Tricolor. A continuación, algunas de sus confesiones:

“Yo desde que empecé en el América y conocí a don Miguel Rodríguez, a William (Rodríguez), doña Amparo (Rodríguez), siempre he tenido buena relación con ellos. Yo era el consentido de don Miguel, de los Rodríguez, porque siempre resolvía en las finales. En la final del 97 con Bucaramanga marqué, también en las 2 del 99 en liga colombiana contra Nacional, y en la Copa Merconorte contra Santa Fe, y además hice 3 goles en la final del 2002, de nuevo a Nacional”.

“La rumba era un problema, esa era la pelea mía con don Miguel y los directivos de América; ellos decían: ‘¡Ah, ese negro estaba en el Bronx!’. Yo les decía que no estaba haciendo nada malo. Yo era una máquina para entrenar, y el fin de semana marcaba goles. Yo resolvía. Cuando llegaba el domingo no me fallaba mi biberón (el trago). Rumbeaba cada domingo en el Bronx, era una cosa loca. Cuando uno resuelve en la cancha, el hincha no le dice nada”.

“El título de 2002, en Medellín, contra Nacional, es el más importante, ¡eso no se olvida! Son títulos que quedan en el corazón del hincha y en el de uno, porque se le gana al clásico rival, como Nacional. Ese fue el partido que me subió al trono. Ese día la celebración fue loca. Ese partido en Medellín fue el que me catapultó, el que me dio el trono”.

“Participé en 3 eliminatorias, pero no pude ir a ningún Mundial. Sí fui campeón de Copa América en 2001, en nuestro país. A nivel de selección de mayores es el único título qué tiene la selección, y eso da orgullo. Teníamos una banda con Aristizábal, Giovanni Hernández, Jerson González, Fabián Vargas, Óscar Córdoba, Iván Ramiro, entre otros”.

“Tuve como 15 días de pura depresión al botar ese penalti cuando América descendió ante Patriotas, en 2011. Fue muy duro ese momento. Por ser un referente, fue durísimo. El hincha siempre me respeta, pero hubo unos que con toda su razón me insultaron, aunque no pasó más allá, no hubo agresión física. Yo al año siguiente quise jugar con el equipo para lograr el ascenso, pero cuando fui, el profe Eduardo Lara ya tenía armado su equipo y se complicó”.

“En Argentina, jugando en Vélez Sársfield, hice una jugada. Tenía que estar en la final del América, en Cali. Compré todo: tiquetes aéreos, el traslado a los aeropuertos, todo. Entonces allá me hice sacar en un partido la tercera amarilla y quedé suspendido, para el siguiente no podía jugar en la liga argentina, entonces pedí permiso para viajar y me fui para Cali. Vi la final contra el Tolima, ganamos y celebré”.