Una dura en el cobro de la cartera

Vanessa Hoyos ha sabido ganarse su espacio en Ferragro./ FOTO: MANUEL SALDARRIAGA.

En una de las labores más complejas pero a la vez más necesarias en una empresa, Vanessa ha hecho tan bien su papel que, incluso sin haber terminado su carrera, fue ascendida al cargo de directora nacional en Ferragro, una compañía especializada en productos de energía solar y cercas eléctricas.

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A sus 33 años, esta administradora de empresas de la Fundación Universitaria San Martín, con especialización en Alta Gerencia Estratégica de Unisabaneta, ha hecho gala de su orden, su responsabilidad y su rigurosidad para escalar hasta esa posición, siendo un aporte clave en el crecimiento sostenible de su organización al permitir que las finanzas estén al día.

De sangre costeña

Vanessa vive desde 2015 en Sabaneta, pero a pesar de la distancia no olvida sus orígenes costeños. Nació en Planeta Rica, Córdoba, pero a sus 16 años se desplazó a Medellín a estudiar derecho. Sin embargo, no completó la carrera y regresó a su pueblo, aunque posteriormente se estableció en Montería.

Allí se vinculó en 2013 a la sucursal de Ferragro, como auxiliar de cartera, y los logros que obtenía en esa plaza le dieron pantalla en Medellín, donde descubrieron sus habilidades y sin temor la declararon como la directora nacional de Cartera.

En la capital antioqueña terminó su carrera en la San Martín y al tiempo hizo la especialización, lo cual le ha dado más destrezas para liderar un equipo que hoy suma a 6 colaboradores.

“Aquí he crecido personal y profesionalmente, a la empresa le debo mi estabilidad, mi calidad de vida y la de mi familia”.

Expresa.

Superando retos

En Montería tuvo un reto grande: cambiar la imagen que tenía la sucursal, dado que no era fácil la recuperación de la cartera. Pero con su compromiso y sus habilidades, comenzó a entregar buenos números que al tiempo la empresa los quería replicar en las demás regionales, desde la oficina principal en Medellín.

Aceptó el traslado. Se le facilitó dado que es hija única de Héctor y Rubina, aunque le tocó vivir sola.

/ FOTO: MANUEL SALDARRIAGA.

Una de las habilidades que Vanessa destaca de su trabajo es tener una comunicación asertiva con el cliente, siempre con amabilidad y con carácter conciliador para generar confianza y que este responda por su obligación.

“Ha habido circunstancias en el que los clientes se enojan, o no quieren pagar, ahí tienes que manejar una estabilidad emocional para estar preparada ante todo tipo de respuestas. Es entender a quien está al frente, igual uno también tiene créditos, para explorar las posibilidades de pago”.

Señala.

Otro reto lo tiene con su equipo de trabajo, pues al asumir un cargo como líder debe trabajar también en el manejo de las emociones de sus integrantes, para que realicen de forma correcta su papel.

“Ellos me consideran una mujer inteligente, responsable, organizada, seria y muy jodida en cuestiones de trabajo, aunque a nivel personal soy otra cosa”, y ahí acude a sus raíces costeñas para cambiar la cara y ofrecerse como una persona amable y alegre.

Una de sus pasiones es cocinar la gastronomía típica de su región, aunque también le encanta probar las delicias antioqueñas.

“Me gusta aprender, prepararme y actualizar mis conocimientos todo el tiempo”.

A pesar de todo salimos muy bien”

La pandemia fue una época difícil para Ferragro, como cualquier otra industria, pero a pesar de todo Vanessa asegura que salieron bien librados de la coyuntura.

“Esta es una empresa que me brinda estabilidad y seguridad, y cuando ocurren situaciones como esta siempre piensan primero en nosotros. Algunos seguimos trabajando desde casa, otros en la oficina, pero la hemos sacado adelante”.

Comenta.

Ella sabe que su labor no es en vano, y que con su aporte Ferragro podrá seguir creciendo de forma sostenible y en un futuro ser una de las líderes en la exportación de tecnología en energía solar.

Por Sebastián Aguirre para Q’HUBO Medellín