“Que no se confunda la perseverancia con la terquedad”

El choque emocional fue bastante fuerte para Liliana. No era fácil dejar atrás una trayectoria de casi treinta años como empleada, teniendo altos cargos directivos con buenos ingresos, y decidir emprender sin ninguna experiencia previa en ese campo. Comenzar de cero, literalmente, era todo un reto.

Su referente fue su hermana Diana, una ingeniera de petróleos que le había demostrado que sí era posible explorar la independencia. De hecho Liliana la acompañó en la parte comercial de forma parcial durante un tiempo, y fue conociendo varios de los procesos que requería ese montaje.

Sin embargo, sentía que aún la perseguían muchos paradigmas, como que cada quince días ingresara a su cuenta un dinero fijo producto de su trabajo, o que al abrir un negocio contara con el respaldo de una gran firma, como le ocurría cuando era empleada.

Aún así se arriesgó. Fue su manera de afrontar las adversidades que la vida le planteó cuando por diversas situaciones cambiaron las políticas en la empresa donde laboraba en Bogotá, y optó por regresar a Medellín.

Liliana tiene 53 años y siempre tuvo una obsesión por los zapatos, pero en años recientes le agregó una particularidad: su fijación por las marcas que ofrecían pares distintos, una unidad diferente de la otra.

En su exploración no conoció alguna que lo hiciera en Colombia, así que quiso innovar con esta tendencia. No se quedó con las ganas y buscó la forma de darle cuerpo a su idea. En el grupo católico al que pertenece conoció la historia de unas familias zapateras del barrio Manrique Las Nieves, luego supo de otros proveedores en el sector de Palacé, y con todos fue armando el esqueleto del producto con el que soñaba.

Liliana Madrid Madrid. /FOTOS: JUAN ANTONIO SÁNCHEZ.

Al parecer no era un buen momento para la industria de los zapatos, pero ella fue perseverante.

Su hermana Diana se sumó al proyecto, después su esposo Luis Alberto, y así se fue conformando su equipo. Los primeros zapatos los produjo en 2015, el producto estaba listo, se registró en la Cámara de Comercio, estaba a punto para iniciar… pero ella quería imprimirle un sello que los hiciera únicos.

Un homenaje a Colombia

Junto a su esposo y sus hermanas, Liliana pensó que era buena idea hacerle un homenaje al país, a sus cosas bellas, sus sitios, sus causas y sus expresiones culturales.

Buscaron una palabra, una marca que cuando la gente la escuchara o la leyera, pensara en Colombia. Su sueño era exportar el producto y que en el exterior tuviera identidad nacional.Macondo fue el nombre que más les llamó la atención, pero como querían conectarlo con lo femenino le dieron la vuelta: surgió así ‘Macondas, con los pies en la tierra’, la marca con la que Liliana se luce como una emprendedora.

“Quise ser docente, pero enseñé de otra manera”

  1. “Siempre como empleada me daba temor lo desconocido, cuando pasaba de una empresa a otra, o dudaba de encontrar un puesto mejor al que estaba desempeñando, pero comprobé que eso es falso, nunca retrocedí ni siquiera a nivel económico y de conocimiento”.
  2. “La constancia es importante, pero no se puede confundir la perseverancia con la terquedad. Hay gente terca que se queda en un lugar aunque la esté pasando mal, y quieren seguir haciendo lo mismo pero obtener resultados diferentes”.
  3. “Problemas se van a presentar en todas partes, pero si son situaciones que son constantes y no los dejan vivir en paz, dense la oportunidad de arriesgarse, pongan la fe por delante”.

Sebastián Aguirre Eastman.