¡En Medallo hay esclavas sexuales!

/FOTO: Shutterstock Y Yuliana Zuleta. Diseño: Camila Saenz.

Créalo, Medellín no es tan conservadora como mucha gente piensa. Acá hay esclavos sexuales y una comunidad que le enseña cómo serlo. Esta práctica de la esclavitud se da de manera independiente. Y todo es más común de lo que usted cree. “Estuve 3 meses como esclava sexual en una relación. Siempre tenía que estar desnuda en la casa y complaciendo a mi amo en todo lo que quisiera”, ese es el testimonio de una de las mujeres que nos contó su experiencia en este tema, y quien hace parte de un colectivo mundial llamado BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo). Hace 12 años existe este grupo en Medellín, que realiza prácticas eróticas libremente consensuadas. Enseñan desde dar un latigazo hasta convertirse en un esclavo sexual. En América Latina existen varias comunidades BDSM, que sostienen asociaciones, locales, eventos, redes sociales e incluso programas de radio.

Entre las redes, la página de internet más extensa es Mazmorra, que hasta el 2014 contabilizaba 32.960 miembros registrados, de todos los países de habla hispana. En nuestra ciudad 80 personas se dejaron seducir por los placeres del sexo diferente. Para estar dentro de esta secta debes definir un rol: sumiso, dominante, swish y esclavo sexual. Hoy le hablaremos del papel de esclavo sexual, la más top dentro de este selecto grupo de placer.

*Flor, Luis y Manuela, son 3 personas de Medellín que practican la sexualidad alternativa bajo la figura de la esclavitud. Flor ha sido esclava sexual, Luis tiene esclavas sexuales y a Manuela le gustaría ser esclava.

3 meses estuvo como esclava sexual

/Foto: shutterstock.

Flor tiene 33 años y lleva 3 años en el BDSM. Inició por puro gusto. “Estar en esto es un camino largo. Leo mucho y por ahí me llegó la información. Siempre me imaginé que esto era muy primer mundo y pensé que no pasaba en Medellín, pero un día conocí a alguien por redes sociales y hablando me dijo que practicaba la sexualidad alternativa. De una le dije que me enseñara. Entonces él me propuso que iniciara como sumisa (persona que se somete a las órdenes del otro) y me empezó a entrenar porque esto es exigente, uno tiene que conocer del tema para poder hacerlo”, así inició la charla con la mujer que actualmente no es esclava sexual, pero estuvo 3 meses en ese rol.

“Dentro del BDSM un esclavo está para todo lo que el amo le dice, no solo sexo. Estuve 3 meses como esclava en una relación que nosotros llamamos 24/7. Siempre estamos en un rol, este puede
ser animal, profesión, entre otros, y con esto le estoy diciendo a la persona: ‘soy tuya hasta que así lo queramos’”, nos afirma la chica, quien no se equivoca cuando dice que dentro de esta comunidad el sometido sexual es para todo.

“Por ejemplo, un día estábamos en una reunión familiar y le tenía que pedir permiso para tomarme un trago. Era muy chistoso porque mi familia no era consciente y hablábamos en secreto, pero eso es lo que nos da emoción y placer. Nos entendíamos por señas: si movía la mano para el lado derecho era no y para el contrario, sí”, relató. “Siempre mi función era estar pendiente de él para saber qué podía hacer. Una regla básica era que cuando estuviéramos en la casa tenía que estar desnuda y pendiente de qué quería hacer. No me podía coger el cabello a no ser que lo autorizara. En lo sexual él llevaba el control de absolutamente todo y hacía conmigo lo que quisiera. Podía pasar que llegara con un amigo y estuviéramos los 3 o que me pidiera que llevara una amiga. Para hacer esto me contaba, pero no me preguntaba si quería o no y yo entendía que lo tenía que hacer. Me hacía disfrazar, me amarraba, me daba con un látigo, de todo, porque también somos fetichistas. Él me decía hasta que me debía poner, cómo me debía maquillar. Pasé muy bueno porque todo era ardiente y porque los 2 queríamos. Todo fue demasiado erótico y duró lo que tenía que durar”, finalizó la joven.

“He tenido sexo con unas 400 mujeres”

Estos son algunos de los juguetes sexuales que usa Luis para sus encuentros sexuales.
/FOTO: Yuliana Zuleta.

Quien no hace parte del BDSM, pero tiene esclavas sexuales es Luis, un paisa que de manera independiente y andando las calles se consigue sus aventuras eróticas. Tiene 46 años, físicamente no es el hombre más lindo, pero tampoco es feo: 1,70 de estatura, rubio y descomplicado para vestir. Uno diría que todo su éxito con las mujeres se da por eso que llamamos verbo, labia o simplemente suerte.

“Soy raeliano (sexo ocasional, no celos, no reclamos), vivo mi vida libre, sin rendirle cuentas a nadie. Lo tuve muy claro desde los 17 años y tengo sexo con quien quiera, siempre he sido así. Me gustan mucho las relaciones con las mujeres, pero sin compromisos. Lo único malo de esto es que las chicas se van enamorando, les da rabia que consiga nuevas amantes o esclavas y algunas se alejan”, así inició la charla con el hombre, que mínimo tiene sexo 10 veces a la semana. ¿Esclavas?, le preguntamos: “Sí, porque me gusta el maltrato físico, pero consentido, como tipo ‘Cincuenta sombras de Grey’, pero de verdad. Les pego, las disfrazo, les jalo el pelo, las muerdo, hasta que estén bien excitadas para que el sexo sea bien salvaje. He tenido 2 esclavas sexuales inolvidables. Yo les propuse que fueran mías porque cuando las conocí vi que les gustaba todo este cuento del sexo libre y cuando les hice el ofrecimiento les gustó. Serlo implica complacerme en el sexo, con cosas como conseguir amiguitas nuevas para hacer maldades, hacerme sexo oral media hora seguido, en fin, hacer cosas excitantes”.

A este hombre le exitan las mujeres con orejas limpias, pelo mojado y uñas lindas. /FOTO: shutterstock.

Para hablar, el hombre, amante de las motos antiguas, no tiene prejuicios y tranquilamente nos contó y mostró desde su celular muchas de sus orgías, tríos e historias calientes. Y es que pareciera increíble todo lo que cuenta y más porque este aventurero del amor no paga por tener estos lujitos. “Lo mío es más de sorpresas, de conquista y de bacanería, nunca ofrezco plata. La que esté conmigo es porque quiere placer. A la mayoría de las mujeres las consigo en la calle cuando salgo a montar moto, bicicleta o hacer alguna vuelta por ahí”, relató.

Su celular, la mejor prueba

Este hombre, asegura, tiene 3 parejas. Una hace las veces de esclava. A las 3 las vimos como Dios las trajo al mundo, en diferentes videos desde el celular de nuestro protagonista. En uno de los clips aparecían 2 mujeres, una de ellas tenía una máscara, la otra, un látigo con el que le daba a su cómplice. Luego, comenzaron a bailar, se besaban y tocaban, mientras se acercaban hasta donde Luis. Él, las esperaba desnudo, con una máscara de luchador mexicano y empezaron la acción. Y pa’ qué, todo hay que decirlo, las mujeres, muy bellas, atractivas y bastante vimos que se disfrutaron el trío.
Lo que más le gusta a nuestro entrevistado son los tríos y el sexo con varias parejas, práctica que al parecer es bastante frecuente en diferentes países. Y es que párele bolas al dato: la Asociación Estadounidense Loving More, la cual define al amor como libre, hizo recientemente un estudio con 4000 personas de distintos países que practican sexo con diferentes parejas. De esa investigación se encontró que el 50 % eran mujeres, sí, no leyó mal, mujeres. El 35 % eran hombres y un 15 % eran género no binario, es decir, las personas que no se sienten hombres ni mujeres.

Desde los 17 años, Luis vive su sexualidad libre y a la fecha lo más rico que ha hecho es “tener sexo con la novia y la moza, esa es la mejor. Esa ha sido mi experiencia campeona”.

Aunque el verdadero amor de Luis es el placer, nos asegura que sí se ha enamorado y que tuvo una novia por 15 años, la cual no aguantó el voltaje de su estilo de vida y lo dejó. “Yo a esa mujer la amo y la amaré siempre, pero no soy capaz de tener sexo con una sola persona”, dijo. Entre sus amigos, el hombre, que también es nudista en su casa, es el más popular y todos lo buscan para que les deje vivir una experiencia de sexo. “A los amigos míos les encanta venir para hacer estas cosas, pero pocos me siguen el paso. Otra cosa curiosa es que las mujeres de muchos de mis conocidos me critican, pero tarde que temprano caen”, finalizó el hombre al que lo excitan unas orejas limpias, el pelo mojado y unas uñas bonitas.

*Los nombres han sido cambiados a petición de los entrevistados.

Testimonio de *Manuela, quien sueña con ser esclava sexual.

“Es una fantasía mía ser esclava y no solo sexual”

Ya le contamos el testimonio de una esclava sexual y de un amo. Ahora el turno es de Manuela*, una joven de 29 años, miembro del BDSM, y a quien le gustaría alcanzar el nivel de esclava.

“Es una fantasía mía ser esclava y no solo sexual, pero para eso se necesita una admiración, una confianza y una responsabilidad muy grande por todas las partes involucradas. Creo que es muy respetable si alguien se quiere hacer llamar así, porque mis gustos no son tus gustos, pero eso no quiere decir que estén mal, pues la sexualidad es tan individual como quien la disfruta”, así nos dijo esta chica, que desde los 15 años exploró cosas nuevas en lo sexual.

“En la adolescencia cuando comienza la curiosidad sexual di con algo que se llama Nzei Henrai y me pareció muy asombroso lo que me hacía sentir ver a alguien amarrado, amordazado o azotado. Eso me gustaba más que cualquier otra cosa. Luego, a los 17 años, cuando tenía novio le dije que me pusiera un collar de perro y me diera unas nalgaditas, él me dijo que tenía problemas, entonces, no volví a decir nada, pero me sentía insatisfecha con mi sexualidad”, relató.

“Finalmente a los 23 años retomé la búsqueda, di con un blog de unas personas que realizan prácticas alternativas sexuales y a los 25 años empecé en forma con esto. O sea que llevo 4 años como miembro del BDSM”, nos dijo. Para ella, la satisfacción sexual va más allá de una penetración. “El placer sexual para mí no solo concierne a lo físico, sino también a lo emocional y mental. Considero que se debería disfrutar en todos estos niveles. Me encanta el intercambio de poder o lo que llamamos juegos de roles, que pueden ser eróticos como no eróticos, tales como amo y esclavo, profesor y alumno, jefe y secretaria, entre otros. A mí, por ejemplo, me gusta hacer de mascota y de niña chiquita. Todo esto siempre se hace de forma consensuada”, nos aseguró. Aunque no estemos en los años 1600 para hablar de esclavitud es un hecho que en todo el mundo e incluso en Medallo tenemos esclavos sexuales. Y es que para gustos no hay disgustos, pues mientras quienes participen en estos actos eróticos estén de acuerdo, la pasen bien y tengan placer, ¡que lo disfruten!

*El nombre ha sido cambiado a petición de la entrevistada

Lo que dice la experta

Eliana Mejía Betancur, sexóloga y psicóloga. /FOTO: Edwin Bustamante.

¿Qué tan normal es eso de tener esclavas sexuales?

“Lo de las esclavas sexuales no es muy normal porque no es común. En este caso estamos hablando de una persona que tiene un perfil narcisista y una personalidad un poco psicopática, porque tiene un estereotipo de dominación sobre el otro. Lógicamente cuando alguien tiene esa necesidad de tener poder sobre alguien más no siente que se quiera quedar ahí. Me atrevo a decir que no hay enamoramiento. Esto también se asocia a la parafilia, que lleva mucho tiempo en el mundo, pero no es muy común”.

¿Qué es eso del sexo libre?

“Todo esto ha ido teniendo mucho boom últimamente, sobre todo con la gente más joven, aunque obviamente esto se conoce hace mucho tiempo. Considero que desde los años 60 empezó toda esta corriente del sexo libre. Ahora la gente quiere explorar tener relaciones con ambos géneros, no tener compromisos, tener 2 parejas al mismo tiempo, hacer orgías, tener roles, esclavos, entre otras cosas. Eso se está haciendo muy del común y cotidiano, pero la mentalidad de las personas aún se ciñe mucho a las costumbres y creencias religiosas. Muchas de las personas que trato se meten a hacer tríos y terminan mal porque no están preparadas para el voltaje que eso conlleva. Si alguien desea hacer esto tiene que tener en cuenta qué es lo que quiere y cuál es su propósito al hacerlo”.

¿Es común recibir personas que quieran hablar de estos temas?

“Lo hacen más desde la fantasía, pero pocos lo ponen en práctica porque la gente le hace mucho caso al sistema de creencias y a las normas de la sociedad en la que vivimos. Muchos me buscan porque lo hacen y no tienen a quién contarle y les da miedo que los juzguen”.

¿Seguir o parar los instintos sexuales?

“Una cosa es la fantasía y otra la realidad. Si la fantasía es muy excitante, pero cuando la llevas a cabo resulta que no fue lo que querías, es mejor alejarse y no arriesgarse a formar un caos. Pero si sientes que tu mente está en esa honda y lo ves como algo natural y no como un deseo sexual, porque va más allá del sexo, hazlo”.

¿Qué tener en cuenta a la hora de practicar esto?

“Tener en cuenta que nada es irremediable ni irreversible y que se puede probar. Si no le gustó, pues no se sienta culpable porque al fin y al cabo la sexualidad es completamente dinámica y todo el tiempo uno se está replanteando sus posiciones. Por ejemplo, cuando éramos adolescentes nos preguntábamos: ‘¿me gustan los hombres o las mujeres?’. Ahora grandes, después de haber tenido vida sexual activa, se puede cuestionar otros gustos”.