El Jumbo se hundió y Pogacar dio un golpe de autoridad en el Tour

En 1969, en la extinta Vuelta a Navarra, Federico Bahamontes, ‘el Lechuga’ de Santo Domingo de Caudilla o ‘el Águila de Toledo’, vio por primera […]

El ciclista esloveno Tadej Pogacar celebra en el podio por retener el maillot blanco de mejor corredor joven. /FOTO: EFE.

En 1969, en la extinta Vuelta a Navarra, Federico Bahamontes, ‘el Lechuga’ de Santo Domingo de Caudilla o ‘el Águila de Toledo’, vio por primera vez al belga Lucien Van Impe. El flamenco era apenas un muchacho de cachetes rosados y mechones de pelo rubio asomando por las rendijas de su casco, y comenzaba su carrera ciclística en el Sonolor Lejeune, un modesto equipo de las Ardenas.

Bahamontes lo vio correr y les dijo a sus antiguos compañeros del Faema: “Este corre como yo, y seguro va a ganar un Tour, como yo”.

Aquella profecía se cumpliría 7 años después, cuando Van Impe derrotó a Zoetemelk y a Poulidor en la Grande Bouclé, decorando con listones dorados su palmarés de gran escalador. Hace 7 años, en Liubliana, Primoz Roglic vio por primera vez a Pogacar, rodando en un equipo de Andrej Hauptman, y presintió que ese niño alegre y desparpajado, iba a ser su sucesor muy pronto.

El ciclista esloveno Tadej Pogacar (centro), del UAE Team Emirates, en acción durante la 5.ª etapa del Tour de Francia 2022. /FOTO: EFE.

Dicha profecía también se cumplió, y más rápido de lo que hubiera querido Roglic, quien parece tendrá que retirarse sin la joya de la corona para cualquier ciclista: el Tour de Francia, mientras que Poggy, con apenas 23 años de edad, está cerca de sumar su tercero.

En la etapa del pavé (Lille – Arenberg), con un pelotón rodando a más de 60 kilómetros por hora, al menos en los tramos pavimentados, los 2 eslovenos parecían Santiago y Manolín, los personajes centrales del Viejo y el mar. El viejo, Roglic, luchando con el gran pez de sus sueños, y Manolín, cargado de juventud, jugueteando como si la vida no tuviera otro propósito. Jesse James sucumbiendo ante la rapidez mortal de Billy The Kid, en un escenario de pantano y polvo, al mejor estilo de John Ford en ‘La Diligencia’, o en ‘Centauros del desierto’.

Lo sintieron

Los 157 kilómetros a través de las planicies del nordeste francés fueron una tortura para el Jumbo Visma, cuyas principales figuras fueron cayendo como tabletas de dominó a lo largo de los 11 tramos adoquinados, que recordaban las legendarias batallas de la París-Roubaix.

Roglic, el inefable capitán Ahab, chocó contra el heno y probó la tierra, obsesionado con no dejar escapar a su Moby Dick; junto a él se quedó Nathan Van Hooydonck, su fiel Starbuck, poniendo su cara al viento para devolver a su líder al lote de punta, pero no pudieron lograrlo.

Perdido andaba Laporte, sin encontrar la silueta de su amigo y compañero Van Aert, quien también se había caído kilómetros atrás, pero marchaba todavía por delante. Kuss y Kruijswijk jamás lograron tomar la rueda de los punteros, y se hundieron inevitablemente en la retaguardia de la caravana.

Incluso Vingegaard padeció percances mecánicos que por poco y lo eliminan de la lista de favoritos, pero el bravo e inexpresivo danés alcanzó a subirse al tren de Van Aert y culminó entre los mejores once de la etapa.

Naufragó el Jumbo Visma, como el Pequod, como Cornelis Nay y su grupo, cuando buscaban la ruta al Ártico en el siglo XVI. De no ser por Vingegaard, el fracasó habría sido mayúsculo, porque cuando Pogacar olió la sangre de su enemigo, atacó con todas sus fuerzas, destrozando el pelotón, haciéndolo trizas.

En medio de esa lucha de lobos y leones, un águila, Nairo Quintana, lideró una pequeña patrulla de franceses, como aquellos indígenas que guiaron a través de la espesa selva colombiana a Jean Baptiste Boussingault y al François Désiré Roulin, en el periodo de la Nueva Granada.

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Nairo, a quien nunca le fue bien en las clásicas, y menos en las que tienen el condimento del pavé, se lució liderando a su equipo, el Arkea, y envió un mensaje de resurrección ciclística tras su caída en el Tour de Turquía.

La etapa, sin embargo, la coronó la fuga. Desde los primeros tramos de adoquín, saltaron del lote, sin que nadie se inmutara, peligrosos rodadores como Taco Van der Hoorn, Simon Clarke, Edvald Boasson Hagen, Neilson Powless y Magnus Cort Nielsen. Formaron un grupo sólido y no soltaron la punta hasta que vieron los techos de Arenberg.

Los favoritos eran otros, pero gracias al cielo que el ciclismo no siempre sigue los guiones al pie de la letra, y de vez en cuando da espacio a maravillosas sorpresas. El australiano Clarke, del Israel Premier Tech, venció al belga Van der Hoorn, del Wanty, y celebró su primer triunfo en el Tour, a los 35 años de edad.

Pogacar cruzó 51 segundos después, y les raspó 13 segundos a todos sus rivales para la general, dando un golpe de autoridad sobre la mesa.

Pero si el polvo y los adoquines reventaron a varios favoritos, incluyendo a Roglic y a Ben O’Connor (Ag2r), lo que viene hará caer los ladrillos flojos del gran pelotón. Hoy, la carrera tendrá su fracción más larga, 220 kilómetros, entre Binche y Longwy, en las Ardenas belgas, donde se hizo ciclista Lucien Van Impe.

La llegada es la misma que en 2017, en Longwy, en las alturas de la Ciudadela, donde Peter Sagan se hizo a uno de sus triunfos más recordados, en la cima de la ascensión de Les Religieuses (1,6 km a 5,8 %).

Y luego, Tomblaine – La Super Planche des Belles Filles, la primera de alta montaña, con 176,3 kilómetros, donde Poggy arrasó con las ilusiones del viejo Roglic, en 2020, en una contrarreloj espectacular que dejó al del Jumbo viendo chispas y sudando frío.

Será una jornada perfecta, también, para los colombianos, quienes ayer no perdieron tiempo y, al contrario, mejoraron en la clasificación general.

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El Tour sigue siendo liderado por Wout Van Aert, el portento belga del Jumbo, pero no es más que un espejismo, pues la verdadera carrera, por lejos, la tiene dominada Tadej Pogacar, el niño maravilla del UAE, y quien se la pasa feliz sobre su bicicleta, como Manolín, como Billy The Kid, jugueteando y burlándose de los dolores de sus machacados y arrugados retadores.