El desgarrador testimonio de una periodista que se atrevió a denunciar que fue violada por militares

Manary Figueroa hizo sus prácticas en Caracol Radio y actualmente labora en el medio de comunicación El Portavoz, de Santander.

En las últimas semanas el país se ha aterrado e indignado porque salieron a la luz pública 2 casos de abuso sexual contra 2 menores de edad indígenas, de 12 y 15 años de edad, ocurridos en Puerres, Nariño, y en San José del Guaviare, Guaviare, respectivamente, en los que los agresores fueron miembros del Ejército Nacional.

Y en medio de ese aberrante contexto la periodista Manary Figueroa se atrevió a contar que ella también fue violada por soldados cuando apenas tenía 5 años de edad.

Con documentos de denuncias y de Medicina Legal en mano narró en la mañana de este miércoles, a través de los micrófonos de ‘6AM Hoy por Hoy’, de Caracol Radio, que hace 25 años la ultrajaron sexualmente junto a su madre, que en ese momento tenía 4 meses de embarazo.

A continuación puede leer el desgarrador relato de Manary, quien aseguró que en este caso los culpables recibieron una condena de apenas 2 años y al salir de prisión obligaron a su familia a abandonar el departamento de Arauca, donde vivían.

“Pasa el 29 de enero de 1995. Nosotros estábamos en una camioneta, desde el corregimiento de San Rafael hacia el corregimiento de Arauquita, en Arauca, y hacia las 2:00 de la mañana hay un retén hechizo… En ese momento nos retienen 2 militares del Ejército, quienes manifiestan que qué estamos haciendo a esa hora por ahí, piden que nos bajemos y preguntan por qué iban mujeres. Mi tío, quien iba con nosotras, explica que estábamos llevándole unas cosas a mi abuelo materno y que ya íbamos de regreso a nuestro hogar. Mi mamá en ese entonces tenía 24 o 25 años y tenía 4 meses de embarazo

“Las palabras de los militares fueron: ‘Se bajan las mujeres del carro’, y mi tío manifiesta que por qué las mujeres y en ese momento le meten un cachazo en la cabeza y básicamente lo obligan a subirse al vehículo nuevamente. Nos bajamos y mi mamá al ver que estamos en peligro accede, baja conmigo, y les manifiesta en repetidas ocasiones que por qué la niña, que la niña no tiene nada que ver. Ellos insisten y efectivamente nos bajan del carro y le indican a mi tío que nos esperen en el pueblo más cercano, que queda como a un kilómetro de donde estábamos, no es demasiado lejos.

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“Nos llevan monte adentro y a mí me sientan en un tronco, a mi mamá la separan de mi, digamos metro y medio, nos dividían arbustos. Efectivamente a mi mamá la acceden carnalmente en repetidas ocasiones y queda vuelta nada; yo aún no me explico cómo mi mamá pudo caminar todo eso y tampoco me explico cómo logré levantarme de esa situación. Se intercalaban, entonces uno de ellos, al ver que el otro se demoraba, decidió aprovechar que yo estaba ahí; cuando todo sucede, no nos asesinan, no nos desaparecen.

“Cuando estábamos recopilando la información con mi mamá para hacer esta denuncia, pues yo tengo bastantes vacíos, independiente de que tuviera 5 años, cuento casi absolutamente todo en detalle y los sueños me ayudan mucho porque quedé con un cuadro de ansiedad prevaricada, eso nunca se me pasó. A mi mamá alguna vez le pregunté, como periodista, haciendo todo lo posible para abordar mi tema: ¿Por qué cree que no nos mataron?’. Y me dice: ‘Uno de ellos me preguntó que si me gustó y le dije que sí, básicamente por eso no nos asesinaron, y luego de eso uno de ellos bromeó y dijo: ‘Listo, entonces cuando quiera venga que acá vamos a estar todos los fines de semana’.

 

“Mi mamá les preguntó por qué hacían eso y ellos manifestaron que no creían que estuviéramos por allá de paseo, que creían que ella era una guerrillera, esa fue su justificación. Se notaba que el único deseo era destruirnos y tratarnos como basura.

“No me separo de mi mamá nunca. Yo, a mis 5 años, hacía todo lo posible para que ella no se cayera porque nos dejaron sueltas y sin zapatos, para llegar allá (al pueblo). Cuando llegamos ella se da cuenta que yo estoy agredida sexualmente y cuenta en el pueblo lo que sucedió.

“En urgencias le pidieron que enseñara su ropa interior, sin ningún tipo de tacto. Pero para ella era más importante que su hija no recordara lo que pasó y eso nunca pasó.

“No pasó nada, ellos pagaron 2 años de cárcel. Salieron a los 2 años y empezaron a amenazarnos y tuvimos que salir de Arauca y escondernos en Santander”.

 Ayer Manary les contó a sus seguidores en Twitter que iba a dejar de callar porque no quería sentir "más miedo ni vergüenza".