Con azotes se disfrutan el sexo

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“No es necesario para mí el sexo porque siento tanto placer al dominar a una persona que ya no necesito que alguien me penetre”. Se llama Jimena Alexandra Hernández Marentes, es una bacana y no oculta quien es ni sus gustos, de hecho, no pidió que la mantuviéramos en el anonimato.

“Llevo 11 años como miembro de la comunidad BDSM (bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo) , soy dominante y gata”. Hoy hablaremos qué son y qué hacen las personas que asumen los roles de dominantes, sumisos y switch en el sexo.

Dominantes y sumisos

No fue otra cosas más que la curiosidad la que hizo que Jimena se dejara seducir por la sexualidad alternativa, como llaman en el colectivo a estas practicas. “Me dio por leerme un libro llamado ‘La sumisa’ y me imaginé que era de la típica ama de casa que se vuelve obediente. Pero para sorpresa trataba era de todo este mundo erótico, me llamó la atención y empecé a buscar a la comunidad en Medellín hasta que la encontré”, nos contó la mujer que es apodada Kanella por sus amigos.

Ella no la ha tenido fácil por esta elección de vida, pero siempre ha defendido sus gustos por encima de todo. “Recién empecé había mucho tabú, tanto que me despidieron de un trabajo por ser de la comunidad BDSM, cosa que no es legal, pero bueno. En este momento veo que la gente es un poco más relajada, ya le cuento a las personas y en vez de mirarme feo se asombran y me preguntan.

“Ya no es fastidio sino curiosidad. Todo el mundo piensa que esto es sexo y no, nada que ver, todo es placer. Le llaman sexo porque si uno toca a alguien ya hay un acto sexual, pero no es relación de coito”. Y sí, aunque le parezca increíble muchas veces la penetración no es lo que hace disfrutar a los sumisos y dominantes.

“Así no nos toquemos ni haya sexo, se puede llegar a tener una erección, una eyaculación o un orgasmo. No tiene que haber relación de penetración porque el simple hecho de jugar con esa persona genera excitación.

“El dominante siente placer en infligir dolor y el sumiso siente placer porque le están dando dolor y eso nos sirve como sexo. Yo por lo menos soy una de las dominantes que no tengo sexo con ninguno de mis sumisos por el simple hecho de que si la persona se deja dominar de mí, le pierdo el apetito sexual, pero me gusta para jugar y humillarlo. Mis sumisos saben que cuando me lleguen a pedir sexo se acabó la relación”, afirmó Kanella.

Las personas que practican su sexualidad siendo sumisos, dominantes o switch, también disfrutan tener comportamientos de perro, gato, niño, entre otros. /FOTO: SHUTTERSTOCK.

“La famosa palabra de seguridad sí existe”

Cada encuentro erótico entre un sumiso y un dominante tiene como mínimo azotes. Dentro de la comunidad son conscientes que si algo sale mal la persona puede morir, por eso, antes de comenzar una sesión de placer, que puede durar hasta 3 horas, ellos hablan y se ponen de acuerdo sobre lo que quieren hacer.

“El placer se da con los instrumentos: amarres, látigo, tabla, agujas, el juego de roles, todo con el fin de infringir dolor consentido entre las personas. Además, hay señas y palabras de seguridad, la famosa frase de seguridad sí existe (risas). Yo la verdad no pongo una palabra de seguridad sino una seña porque la persona se excita tanto que se va y se le olvida el término de seguridad, en cambio yo los pongo a que si me cierran la mano paro”, describió Jimena. Para la diseñadora de modas, un sumiso “es el tesoro más grande que puedas tener”.

Y aunque se pueden tener varios, ella recomienda “no tener más de 3. Créame que un sumiso te quita mucho tiempo porque hay sumisos que les gusta que uno les maneje el día. “Todo el tiempo te hablan para saber qué pueden hacer. Uno les puede controlar la comida. Incluso hay sumisos que son financieros y te entregan el sueldo para que uno se los maneje.

“Esto no es ser un esclavo porque un esclavo sexual es una persona que pierde total su voluntad, un sumiso te puede llegar a decir: ‘No estoy de acuerdo, lo podemos negociar’. Un esclavo así no esté de acuerdo lo tiene que hacer”.

Por ahora, la alegre mujer tiene 2 sumisos, a uno lo conoció en los encuentros de la comunidad que se hacen cada mes y que ellos han bautizado como Kinky Munch. Al otro lo conoció por el sitio web https://fetlife.com, dedicado a conectar personas sumisas, dominantes y switch. Para que se haga una idea del número de personas que le gusta este cuento, a la fecha esa web cuenta con 8.184,030 miembros activos.

Como leen, Jime nos habló sin rollo. Además nos dejó conocer su comportamiento como gata: “Soy una felina, entonces odio que me toquen, a mí alguien me roza y yo hago como gata y gruño. O cuando alguien me cae mal también gruño, uno tiene adaptado ese rol a su vida. Como hay otras personas que solo lo tienen en la intimidad del juego. Esto es un mundo gigante”, finalizó.

Tan gigantes son las preferencias sexuales, que la sexóloga Carolina Londoño Gutiérrez nos contó que hasta hay gente que disfruta siendo un mueble. “Dentro de todas las posibilidades de diversión que existen, que son infinitas,están los juegos de asumir roles de sumisión y dominación, pero también hay unos comportamientos sexuales específicos en donde se obtiene placer.

“La gente dirá: ‘Tan locos’, pero no. Por ejemplo, hay un comportamiento sexual que se llama fornifilia, (cuerpo inmóvil), que es cuando la persona se excita sintiéndose un mueble de la casa. Otro es el ponyplay, que es el gusto por ser un caballo y así infinidad de cosas. También está el de la momificación, que es cuando se envuelven en plástico de alimentos o son gatos, perros, en fin. También hay otros más extremos como la emetofolia, que es el gusto por el vómito”.

“Es mi placer complacer”

Camila solo habla del tema si se lo preguntan. “ Soy reservada porque cuando contaba sin lío mi preferencia sexual recibí muchas críticas y hasta gente mal intencionada. Estoy orgullosa de quien soy, pero no lo ando ventilando”.

Ella lleva 3 años siendo una sumisa. Para hablarnos prefirió que le cambiáramos el nombre. Considera que el goce sexual va más allá de un cuerpo. “El placer sexual para mí no solo concierne a lo físico sino también a lo emocional y mental, considero que se debería disfrutar en todos estos niveles. Uno cumple con un rol sumiso cuando le da el poder de decisión a otro y no es nada diferente ni extraordinario a lo que se vive cotidianamente. Por ejemplo, cuando te subes a un bus tomas un rol pasivo o sumiso porque el que está manejando toma las decisiones”.

La joven, que no pasa de los 30 años y disfruta ser una mascota, es tierna y eso lo dejó ver en cada una de sus respuestas, pues cuando le preguntamos que si le gusta ba más el látigo, la correa o la tabla, ella contestó: “Es como si me preguntaras si disfruto más un abrazo, una caricia o un beso; todo se disfruta y dependiendo de cómo te sientas te apetece más una cosa que otra.

“Lo que sí disfruto mucho es el juego de mascotas, soy una siberiana y me gusta sentirme como una canina”, expresó contenta la chica.

Sin duda Camila es discreta, contraria a la chica switch con la que hablamos , a quien le gusta “que me generen dolor, yo soy sadomasoquista. A mí me encanta que me azoten, que me griten, en fin, son muchas cosas”. Esta sumisa se disfruta la vida con sus propias reglas o con las reglas que su dominante le ponga.

Para ella, son muchos los que en la ciudad se esconden y está segura que el tema no es tan esquivo para la gente. “Aquí en Medellín son unos perversos y no han salido de la mazmorra. Las personas que participamos de la escena pública de esta sexualidad somos un pequeño porcentaje, de las personas que lo viven de forma privada. Me encantaría que todos ellos se dejaran conocer y estuvieran con nosotros”, expresó.

“Me gusta hacer los dos roles”

“Una de las prácticas que más me gustan es la que me genera dolor, soy sadomasoquista. A mí me encanta que me generen placer y sufrimiento con instrumentos, que me azoten, que me griten, en fin, son muchas cosas. Pero también me gusta dar placer con aflicción”.

La que habla es Liz. Lleva 3 años teniendo sexualidad alternativa con la comunidad BDSM y ha hecho de sumisa y dominante, categoría que se conoce como switch. Lleva una vida común y corriente, pero a la hora de su intimidad juega con los 2 roles que le gustan.

“Cuando estoy como dominante me excita el hecho de tener el control: azotar, verle la cara de sufrimiento y placer a mi subyugado. Pero cuando estoy de sumisa lo único que pido es que no me den correa, detesto ese implemento”, nos contó la mujer de 33 años.

Durante el tiempo que lleva gozando su sexualidad de esta forma, la experiencia que más la ha marcado la vivió entre 300 personas. “Hay algo que me marcó. Ocurrió en un evento en el cual se reúne la comunidad, era con temática de circo y quería probar cómo se sentía el látigo. Entonces, había un chico circense con un látigo, me bajé los pantalones y le pedí que me azotara delante todo el mundo.

“A mí se me olvidó que había como 300 personas alrededor y sentí demasiado placer. Lo más impresionante fue que no sentí nada y me hizo muchas heridas. Uno pierde la pena, somos personas reales e igual que cualquiera”, nos expresó la mujer que finalizó con una reflexión.

“Si la persona es de mente abierta y quiere explorar esa parte de la sexualidad puede ser provechoso y le puede acarrear experiencias y aprendizajes. Esto se debe hacer porque se quiera experimentar y se sienta el deseo, de lo contrario no. Si lo hace solo por complacer a la pareja o porque siente presión social y que no lo van a aceptar, ahí está el problema”.

Sin importar si le gusta dar o recibir golpes por placer, es un hecho que esto está pasando y lo más importante es que la elección sea por gusto. “No es lo más frecuente, pero sí he atendido este año estos casos. De 250 personas que han consultado, 6 pacientes han sido los que me han visitado por querer hacer este tipo de comportamientos. Esto equivale al 2 %.

“Estas estadísticas son bajas, pero no porque no los haya sino porque quienes consultan son los que no se están sintiendo bien con su comportamiento sexual. Es muy probable que haya muchas personas que lo hacen, se sienten bien y por eso no consultan”, finalizó la sexóloga.

Lo que dijo la especialista

Carolina Londoño Gutiérrez, médica sexóloga clínica con maestría en sexología clínica y educativa, del Instituto Mexicano de Sexología (Imesex).

¿Por qué le gusta esto a una persona?

“Va desde la teoría que simplemente es un gusto, que tiene que ver con que la persona tiene una baja autoestima o una necesidad de poder y control absoluto, eso puede ser; pero no necesariamente todas las personas que utilizan las técnicas de poder y sumisión tienen una dificultad psicológica”.

¿Cuándo es un problema?

“No necesariamente la frecuencia es la que determina si la persona tiene una enfermedad o no, o si requiere tratamiento. Si una persona dice: ‘Es que ocasionalmente tengo relaciones con un cadáver o de vez en cuando cojo a mí pareja a golpes y a ella no le gusta’, está mal, así lo allá hecho solo una vez porque no hay consenso de los 2. Pero si las personas involucradas juegan el rol de sumisión y dominación porque les gusta y están de acuerdo está perfecto y no es una patología”.

¿Cuándo se necesita acompañamiento psicológico?

“Cuando el comportamiento le empieza a hacer daño a la persona, a la pareja o a una relación. Y cuando al buscar otras alternativas eróticas no es capaz de sentir placer y esto se le convierte en un comportamiento obsesivo, compulsivo y ritualista. Que son los criterios de adicción a una conducta”.

¿Con qué frecuencia ha atendido personas con este tema?

“No es lo más frecuente, pero sí he atendido este año personas con estos gustos. De 250 personas que han consultado por cualquier motivo, 6 pacientes han sido los que han ido por querer hacer este tipo de comportamientos sexuales. Esto equivale al 2 %.

“Estas estadísticas son bajas, pero no porque no haya este tipo de personas sino porque quienes consultan no se están sintiendo bien con su comportamiento sexual”.

La sociedad no debe pensar que están locos

“Esto es normal y son comportamientos sexuales. En lo que sí es importante hacer énfasis es que es normal siempre y cuando las partes estén de acuerdo y tengan conocimiento de cómo se hace porque se pueden hacer daño”.

¿Si disfrutan aunque no haya penetración?

“Claro, porque todas las personas tenemos un gran potencial erótico en el que muchas veces no se necesita una relación de coito o estimulación de órganos sexuales. Pero no todos los que lo practican lo hacen porque muchos también sí tienen coito”.

Esos comportamientos de perros, gatos, entre otros…

“Lo que pasa es que el juego en el encuentro sexual es una excelente herramienta erótica. Cuando estamos chiquitos nos enseñan a jugar y luego en la adolescencia nos cortan las alas, pero jugar siempre y cuando el paradigma de la sexualidad se cumpla es válido y es necesario para enriquecer el erotismo.

“Dentro de todas las posibilidades de diversión que existen, que son infinitas, están los juegos de asumir roles de sumisión y dominación, pero también hay unos comportamientos sexuales específicos en donde se obtiene placer. La gente dirá: ‘Tan locos’, pero no. Por ejemplo, hay un comportamiento sexual que se llama formicofilia (fornifilia, cuerpo inmóvil), que es cuando la persona se exista sintiéndose un mueble de la casa.

“Otro es el ponyplay, que es el gusto por ser un caballo y así infinidad de cosas. También está el de la momificación, que es cuando se envuelven en plástico de alimentos o son gatos, perros, en fin. También, hay otros más extremos como la emetofolia, que es el gusto por el vómito”.