Una vida al servicio de los animales: Corporación Dejando Huella
Empezó como una búsqueda espiritual y se convirtió en la misión de vida de Ángel y Viviana, un matrimonio que rescata animales desde hace 20 años.
Existe en el corregimiento de Santa Elena un lugar en el que Ángel y Viviana rescatan, protegen y dignifican la vida de animales en situación de abandono o maltrato, y este año cumple 20 años.
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El propósito que amplió el hogar de ambos lleva ya 2 décadas funcionando gracias al amor, el motor que los ayuda a seguir siendo el refugio, el hogar y la salvación de perros, gatos, caballos, mini pigs y algunos animales silvestres que sostienen con paciencia.
Ni Viviana ni Ángel pensaron que iban a crecer tanto, especialmente porque el propósito fue cambiando con el pasar de los años. “Desde muy chiquita fui voluntaria, recogía mercados y ayudaba a niños y ancianos. Cuando llegué a Santa Elena le pregunté a Dios qué necesitaba de mí, y me mostró el camino de los animales”, cuenta ella.
Desde entonces, con algunas historias dolorosas y otras que le devuelven la esperanza, han logrado atender e intervenir en la vida de miles de animales abandonados. De acuerdo con Viviana, muchas personas creen que las fundaciones se crean con la idea de tener un refugio.
“Nuestro caso es distinto. Siempre soñamos con esterilizar animales, no tanto con ser un albergue”, explica, y cuenta que con el paso del tiempo, y al ver de cerca la realidad del abandono animal, sintió la necesidad de abrir un espacio para recibir a los animales más vulnerables... y su esposo, más que seguirle la corriente, la acompañó en todo, hasta el punto de ser hoy el encargado de las labores logísticas de la corporación.
Un equipo que deja huella
En las labores de la corporación no están solamente Ángel y Viviana; hoy los acompañan 11 empleadas más, ‘las nanas’, y quienes reciben un salario digno por el cuidado, la alimentación y la limpieza de los animales.
“Sin las nanas no seríamos nada de lo que somos hoy”, dice Viviana, y cuenta que con Ángel, más que el amor que comparten, son un complemento que permite el funcionamiento del lugar.
“Él es la parte más racional para rehabilitar a los animales; yo soy más emocional y me encargo de conseguir los recursos”, explica, pues el sostenimiento de Dejando Huella es posible gracias a donaciones y préstamos.
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