Luis Fernando Valencia, el Turco, que transformó el vino en Medellín

Luis Fernando Valencia lleva tres décadas en Dislicores, compañía con la que impulsó la cultura del vino en Colombia.

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“El que al mundo vino y no toma vino, a qué vino”, esa es una de las frases preferidas de El Turco, como es conocido socialmente Luis Fernando Valencia Sierra, quien es valorado por traer la cultura de esta bebida al departamento y por extenderla por el país.

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En Dislicores cumplió 32 años, la mitad de su vida: “Llegué de pelo negro, cola de caballo; ahora estoy canoso y desentejado, pero siempre con las misma pasión”.

Se convirtió en un embajador de esta marca, al punto que más de uno cree que es el dueño: “Los propietarios cuentan que les han preguntado que si trabajan para mí (risas)”.

El apodo se lo pusieron desde la U: “Cuando estudiaba en el Politécnico JIC tecnología agropecuaria, a la par era barista y catador en el Café Suramericana, y allá en la U por Junín yo vendía oro y una amiga de la época me dijo que yo parecía un turco”.

Creó la cultura del vino

Llegó como director de eventos especiales a Dislicores: “Manejaba relaciones públicas, eventos, todo lo que tuviera que ver con lanzamientos”, aseguró.

Recordó que cuando empezaron a vender vino en Medallo, venía en cajas y la gente creía que era leche: “Una vez me paré por Las Palmas con un carro con la maleta abierta y paraban a preguntarme por el lácteo, pero al final algunos me compraban”.

Entre esas numerosas anécdotas que le dejó la implementación de la cultura del vino en la ciudad recordó que cuando iba a los centros comerciales a dar degustación las señoras le hacían el feo al vino porque era amargo.

“Estaban enseñadas a tomar unos malitos o dulces; incluso una vez en un hotel me dejaron todas las copas de vino servidas y el guaro se acabó de una, yo llegué a decirle a los jefes, nos vamos a quebrar (risas)”, rememoró.

Por fortuna, el trabajo dio frutos y este licor se abrió camino. Ahora como embajador de Dislicores y experto profesional en la materia, recorre el mundo entero.

Justamente, esa es una de las tantas cosas que le agradece a esta empresa: “Gracias a ella tuve la oportunidad de conocer España, Francia, Portugal, Chile y EE.UU. También me permitió educar a mis hijos en la universidad; e incluso llegué a tener mi propio restaurante, que luego se cerró”.

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