Inspirador: Chalo Parra demostró que es posible salir de las calles

Su amor por los animales es infinito. Sus perritos fueron su compañía en la calle y hoy son su razón para seguir adelante.

hace 4 horas
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Hace 10 meses, usted podía encontrarse a Chalo deambulando por las calles de Medellín, por los barrios de Laureles, Belén o el municipio de Itagüí. Lo reconocía de inmediato: siempre andaba con su carreta que, a diferencia de otras, no cargaba reciclaje, sino que llevaba consigo a su familia: 7 perritos que había rescatado.

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Hoy, con 36 años, vive en Envigado y trabaja como educador y paseador de perros. Pero para llegar hasta ahí tuvo que atravesar un proceso de resocialización. Hoy puede decir que, aunque no está exento de recaer, su mente está enfocada en no volver a ese mundo.

Nació en Bogotá y cuenta que su mamá le daba ‘pura pata y puño’, una situación que lo empujó a la calle con 12 años y lo llevó, hasta los 16, a pasar por distintos hogares del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) e incluso por correccionales. Su primer vicio fue el pegante, y con él empezó a perderle el miedo a todo. Conoció a personas con quienes aprendió a robar para sobrellevar el hambre.

En 2014 llegó a Antioquia. Viajaba como mochilero y, en Cocorná, conoció a su primer amor perruno: Morocha, su compañera en la travesía que emprendió por el país. En ese recorrido, andando de pueblo en pueblo, fue cuando aprendió a ser honrado.

Cuenta que, a punta de mula, conoció muchos lugares. Estuvo en Ecuador, cruzó el Tapón del Darién y, en Panamá, fue devuelto; también llegó a Perú, pero fue expulsado. Regresó a Medellín y trabajó en los buses, cantando para ganarse unas monedas. Vivía en Niquitao y comenzó a rescatar más perros. Como pagaba a diario una pieza, pronto le dijeron que no podía seguir allí por la cantidad de animales, y así terminó nuevamente en la calle.

Dice que nunca ha delinquido en la ciudad y que vivió todos estos años “a punta de recatear a la gente”, sobre todo por sus perros. Nunca quiso ser reciclador a pesar de tener una carreta, pues dice que él siempre prefirió darle un lugar a sus perros. “Si yo tenía para el vicio y mi chorro, debía tener para mis perros”.

Su vida cambió para siempre tras verse involucrado en una pelea por defender a sus perros, un conflicto que lo dejó al borde de la muerte. Por fortuna, le salvaron la vida y la Alcaldía le brindó ayuda. Desde ese momento, comenzó su proceso de rehabilitación.

Estuvo seis meses en Hogares Claret de Santa Elena. “El cambio de la libertad. Empecé a someterme a las reglas, a controlar mis impulsos y la ansiedad. Llené mis vacíos emocionales con proyectos, no con droga”, concluyó.

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